domingo, 24 de abril de 2011

Para la pascua, uno de Juan Ramón Jiménez.

El olear del mediodía canta

En un tremor de bronce derretido,
unánime ascua blanca y ondeante,
el olear del mediodía canta
hacia arriba, con verde y contenido hervor,
tu regreso conmigo,
dios conseguido,
mi regreso contigo,
al lugar donde tú te me fijaste.

Me lo fijaste tú; y yo no supe
lo que era el milagro,
hasta que tú te me metiste dentro
o me metiste en ti;
y yo fui dios seguro de ti mismo,
seguro de mí mismo,
y tú, seguro de mí mismo y de ti mismo,
dios.

Tú me significaste
la belleza que yo canté y conté que era
una belleza verdadera y siempre venidera:
la belleza que yo te había designado,
dios deseante y deseado,
como dios de mi vida conseguida;
que tú estabas conmigo
y que el mundo, contigo, era mi amigo.

Presente estás en mar ardiente en movimiento;
y todas las bellezas del presente
me las das con tus ojos,
que pasan a mis manos
la plenitud universal.

No hay comentarios: