sábado, 2 de enero de 2010

La navidad que pasé en Egipto siendo argentino

Llegamos a Luxor, la antigua Tebas, en la orilla oriental del Nilo, al atardecer. Yo soy de la orilla oriental del río Uruguay pero aquí, en Egipto, es muy difícil explicar ese origen. En el aeropuerto, como iba detrás de Laura, el oficial de migraciones creyó que yo también era argentino. Me pareció entender que decía "argentino" en árabe y me vi en la obligación de aclararle que era de Uruguay, más que nada por una cuestión de corrección ante la Ley. Él volvió a observar el pasaporte sin entender; "Ucrania" me dijo, "No, Uruguay", "¿Croacia?", "No, no, Uruguay"...

En adelante, y para evitar complicaciones, decidí confundirme con nuestros hermanos mayores y declarar que era argentino toda vez que se me preguntaba la nacionalidad (cosa que ocurre con bastante frecuencia en cualquier zona turística), la respuesta de todos, todos, todos era entonces invariable: una sonrisa acompañada de un apellido: Messi.

El que cargaba las maletas:
- Where are you from?
- Argentina.
- Messi!

El guía:
- Where are you from?
- Argentina.
- Messi!

El niño que vendía artesanías:
- Where are you from?
- Argentina.
- Messi!

El camarero del barco:
- Where are you from?
- Argentina.
- Messi!

Los policías que cuidaban los templos sagrados:
- Where are you from?
- Argentina.
- Messi!

Los turistas de otras nacionalidades:
- Where are you from?
- Argentina.
- Messi!

La verdad es que así da gusto ser argentino. Lo digo en serio.

En la noche buena, salimos a caminar por Asuán, en la orilla oriental del Nilo pero unos 200 kilómetros más al sur. Río arriba. Entramos a un bar que vendía cerveza (cosa no tan sencilla de encontrar como podría parecer). El joven amable que nos atendió nos preguntó: Where are you from?, Argentina, "Ah, Messi" dijo feliz. Recordé la infausta declaración de Lennon que tantos problemas acarreó a los Beatles: "Somos más famosos que Cristo". En la noche en la que se conmemora el nacimiento del Mesías, aquella máxima se aplicaba en toda su dimensión a Lionel Messi. Lo digo en serio.

Dos días más tarde, mientras esperaba para entrar al baño de un café en el mercado Khan Al Khalili de El Cairo, el niño que lo cuidaba me preguntó de dónde era y yo le dije que de Argentina. "¡Ronaldinho!", me retrucó feliz y a los gritos. No, no, le aclaré, Ronaldinho es de Brasil. "¡Ronaldinho!" repetía él, como si hubiese descubierto la cura contra el Cáncer. Que no, Ronaldinho from Brasil. "¡Ronaldinho!" insistía el niño y yo decidí no insistir. Cuando ya me iba, mientras bajaba la escalera, sentí su voz que me gritaba: "¡Ronaldinho, Argentina and Madrid!". Aún hoy no logro precisar si la doble afrenta era inocente o premeditada.

El último día de nuestra estancia, en las pirámides de Saqqara, ante las reitaradas preguntas de un hombre que llevaba un camello, le respondí que era argentino y él me dijo, como congraciándose conmigo para que le diera alguna moneda, "¡Maradona!". Desde atrás, escuché una voz surgida de la masa con la que se atiestan todas las ruinas que gritaba, con el más inconfundible acento porteño: "Si supiera que nosotros ya no lo aguantamos al Diego..."

"Si supiera que yo soy uruguayo..." le respondí.

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