martes, 22 de febrero de 2011

Ok, hablemos del último de Radiohead.


"¿Escuchaste el último de Radiohead?" "¿Escuchaste el último de Radiohead?""¿Escuchaste el último de Radiohead?" Está claro que, a la hora de lanzar sus nuevos materiales, estos veteranos preinternéticos son de los que mejor aprovechan las nuevas tecnologías. Y yo, que también soy preinternético, superando la pereza enorme que me producía volver a la voz llorosa de Thom Yorke, con todas sus pulsiones de tarde lluviosa de domingo suicida de los 90, me dispuse a recorrer "King of Limbs" (ya todos saben que se puede escuchar gratis desde el viernes, por ejemplo aquí), sobre todo para tener una opinión objetiva.

Sin embargo, mientras lo escuchaba, me di a pensar en lo difícil que es tener una opinión objetiva con Radiohead. Con una música tan emocional, que exige una implicación tan alta por parte del escucha, siempre tuve la sensación de que "depende de cómo te agarre". Poco se podrá discutir, claro está, sobre la calidad (excelente) de discos como "The Bends" u "Ok computer”, pero por más buenos que sean, hay días en los que escucharlos (algo que en los noventas era obligatorio) se convertía para mí en una tortura. La apreciación musical depende tanto de factores anímicos que lo subjetivo pasa a tener un peso determinante en los criterios de evaluación. Es como si una masa confusa en forma de pelota de sonidos me empastara el cerebro y la comprensión.

Dicho lo cual, después de escuchar tres veces “The King of Limbs”, y cuando ya estoy hasta la madre (como dicen en México) de Thom Yorke, puedo decir con objetividad que el disco está bueno, algunos temas muy buenos. Eso sí, creo que no lo volveré a escuchar por un tiempo, un tiempo probablemente largo.

Quizás no tanto.

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