jueves, 24 de febrero de 2011

El calentamiento previo al gran partido llamado Bitches brew.


Cuando George Wein contrató a Miles Davis para tocar en el festival de Newport del 69 pensó que iría con el denominado "segundo gran quinteto" (Herbie Hancock, Tony Williams, Wayne Shorter y Ron Carter) pero se equivocaba. Los que subieron al escenario de Newport fueron Chick Corea, Dave Holland y Jack DeJonhete (irónicamente Wayne Shorter, que tendría que haber estado se había quedado atascado en un jam pero de tráfico). Empezaba la era eléctrica: en febrero Miles había terminado de grabar "In a silent Way".

Acaba de salir un disco que recoge ese concierto (junto con uno del verano siguiente en Isle of Wight). En la entrevista a Wein que viene con el cd, éste cuenta que ese año tocaron en Newport, entre otros, Led Zeppelin, los Mothers of Invention, Jeff Beck, Jethro Tull y Ten Years After; es decir, la pesada del Rock'n'Roll. El famoso festival de Jazz se había transformado en un festival de Rock y Wein recuerda que muchos de los músicos de Rock no estaban precisamente contentos con ello. A Ian Anderson y Jimmy Page, por ejemplo, grandes amantes del jazz, les hacía muchísima ilusión tocar en el mítico Newport pero se daban cuenta de que ya no era el festival en el que Duke Ellington había hecho su aclamada aparición del 56. "¡Eh, es sólo otro festival de rock!" dice Wein que se le quejaban.

Sin embargo Miles Davis, un señor por lo menos 20 años mayor que todos los músicos de aquellas bandas (y que sus propios acompañantes), que en los festivales de jazz jamás se quedaba a ver los conciertos de sus colegas, no se perdió ni uno de los toques. Estaba robando municiones para la revolución que ya lideraba y que termninaría, al año siguiente, con ese golpe maestro que es "A tribute to jack johnson".

Lo que convierte a este disco, que arranca con la primera versión en vivo de "Miles Davis runs the voodoo down" (en la que yo, por lo menos, extraño mucho a Mclaughlin), en un documento fundamental es, justamente, que permite saborear los primeros sorbos de toda la potencia que estaba por desatar este gran estratega de la música en el que fuera su primer disco de oro. Recordemos que la sesión inicial de grabación del Bitches Brew fue el 19 de agosto del 69 (para hacerse una idea de lo hot que resultó ese verano, sólo hay que decir que fue el día después de que Hendrix cerrara el festival de Woodstock) y, por lo tanto, el toque en Newport (5 de julio) tiene lugar apenas un mes antes (y un mes antes también de que saliera a la venta "In a silent way" el 30 de julio).

La primera vez que escuché Bitches Brew fue gracias a mi tío, que acababa de volver del exilio en México y me prestaba todos aquellos discos de jazz-rock que estaban tan de moda entre los músicos uruguayos (con la Electric Band de Corea a la cabeza). Yo era muy joven y no entendí nada, mi sensibilidad llegaba hasta poder disfrutar con la Electric Band o Weather Report, o incluso con el "Tutu" de Davis, pero aquella orgía musical de poder inconmensurable era demasiado para mis oídos. Algo similar, supongo, le pasaría a los jazzeros que fueron aquel año a Newport. Para paladear este "Bitches Brew Live" en su total dimensión, quizás haya que tratar de ponerse en la cabeza de un tipo que probablemente lo último que había comprado de Miles era el "Nefertiti" y esperaba ver sobre el escenario a Hancock, Shorter, Carter y Williams con su sonido hard bop pero se encontró con aquello.

Es algo así como tener agendada una comida para tratar unos asuntos importantes con Luis XVI para julio de 1789 y, al llegar, descubrir que el cocinero es un tal Robespierre.

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