jueves, 24 de marzo de 2011

Ayer vi a Brad Mehldau en vivo.

"Introducing Brad Mehldau" fue el primer disco suyo que compré, hace como quince años. Se lo compré a Ricardo Henry, que venía a la agencia en la que yo trabajaba con su Atlantis Móvil (¿qué será de la vida de Ricardo Henry?). Era su disco debut y yo lo adquirí sobre todo porque tenía a Christian McBride en bajo, en aquella época estaba enloquecido con McBride (sigo estándolo). En poco tiempo me encantó el sonido del trío de Mehldau, es tan fácil de escuchar como de querer; me compré los tres primeros volúmenes del Art of Trio a medida que fueron saliendo (ya sin McBride en el bajo, pero con Larry Grenadier).

Cuando vi, por las calles de Barcelona, el afiche que anunciaba su concierto (con Grenadier y Jeff Ballard, en vez de Jorge Rosi) me pareció que iba a cumplir un sueño. Llegado al Auditori ayer de noche, fue muy decepcionante entender que LA PUBLICIDAD ERA ENGAÑOSA y que Brad iba a estar solo. Por mucho que me guste el pianista, yo quería ver al trío.

Obviamente el concierto fue magnífico de todos modos, porque Mehldau es un pianista magnífico, un poco cerebral y frío pero intenso (aunque parezca contradictorio, quién no lo es), porque tocó canciones que me hicieron pensar en el trío, como la versión de "Blackbird" que está en el volumen 1, porque en el auditori todo suena, y todo suena bien, porque tocó "My favorite things" (igual a la que está en el video de aquí abajo), porque es un gran gran pianista. Pero yo quería ver un trío.

Para despedirse, en el segundo o tercer bis, ya no recuerdo, tocó su versión de "Bittersweet Symphony", aquel hit de The Verve que tanto hemos escuchado todos, y hacia el final introdujo una melodía que me sonaba familiar. No podía descubrir de qué se trataba pero salí de la sala silbándola. Pronto descubrí que todos, en el baño, en el foyer, en la calle, estábamos cantándola a nuestra manera y para nosotros mismos. No era nada, ocho o nueve notas, pero nos habíamos quedado prendados de ella. Sospecho que en nuestras cabezas, todos le dábamos vueltas y vueltas para ver qué era, cómo se llamaba aquella canción tan obvia que nadie osaba preguntar al vecino si sabía su nombre para no parecer ignorantes.

Y así, con el misterio y la dulzura de la música, eso que justamente no tiene nombre, nos fuimos todos a dormir.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

recuerdo esa sensación!!!!
De qué canción era las notas?

Anónimo dijo...

era esta? Martha de Tom Waits?
http://www.youtube.com/watch?v=gfYZMzrcDT0

nicolás dijo...

Sigo sin recordar cuál era la canción. Sospecho que ya será imposible saberlo, pero estoy casi seguro de que no era Martha de Tom Waits. Creo que la hubiese reconocido.