sábado, 1 de diciembre de 2007

lo mejor que hay en el mundo es tener amigos

ayer quería ver la final de la sudamericana: América vs. Arsenal de Sarandí. pero ir al azteca me parecía un engorro. iba a haber mucha gente, no tenía entradas, tendría que comprar en la reventa y, lo peor de todo, la hazaña que significa ir y venir del coloso de santa úrsula, un proceso que puede insumir de 2 a 3 horas de ida y otro tanto de vuelta. más si es un viernes de quincena como ayer.

así que, descarté al azteca.

mirarlo en casa tranquilo era imposible porque no tengo cable.

descarté mi casa.

la opción era ir a una cantina y verlo allí. hice una evaluación de mis amigos que podían acompañarme y me di cuenta de que todos iban a estar ocupados. decidí que iría solo y chau.

como a las once de la mañana me crucé con un amigo americanista en el msn. le pregunté qué iba a hacer y me dijo que tenía mucho trabajo.

descartado.

cuando iba volviendo a casa, a las 3 de la tarde, recibo una llamada de otro amigo, que es puma, compañero de trabajo del americanista, que me dice que van saliendo de trabajar y que les sobra una entrada. bendiciendo mi suerte le digo que paso por casa y lo llamo.

lo llamo. me dice que están comiendo en villa coapa, donde él vive y que de ahí van para el azteca que queda muy cerca. que si quiero, nos vemos en el azteca 6 y media, el partido era a las siete y cuarto. pero yo decido que mejor salir a las 4 y media en metro y alcanzarlos donde están comiendo porque así me evitaba el tráfico y la hora pico de metro. me explica cómo llegar. el metro iba vacío, casi que podría haber ido sentado. voy hasta tasqueña, tomo un taxi y a las cinco y media estaba comiendo con ellos. les pregunto qué entradas tenemos y me dicen que PALCO. qué cuánto cuestan? que gratis. qué dónde tenemos que dejar el auto? que son entradas con estacionamiento adentro del estadio.

alguien que no conoce la proeza que representa ir al azteca en una final puede pensar que esto es una tontería, pero les juro que mientras íbamos en el auto pasando los controles y llegábamos hasta abajo de la tribuna, ninguno de los tres podía creer nuestra suerte y yo, en particular, sentía que lo de moises con el mar rojo era un juego de niños. bajamos del auto y caminamos 50 metros para entrar al palco donde te hacen apuntar tu nombre, nos sentamos en sillas acolchonadas, en primera fila. y vimos la final de la sudamericana cómodamente instalados.

aquí viene la parte más increíble: estuvimos allí hasta el final del partido por supuesto. nos subimos al auto, mi gentil amigo me llevó hasta tasqueña. me tomé el metro, trasbordé en chabacano y vine hasta chilpancingo. siempre sentado. a las nueve y veinte terminó el encuentro, más o menos, a las diez estaba en casa. eso, en el mundo de los deportes, se llama un récord.

resumiendo la maravilla: fui a un palco en el azteca, lo vi lleno como nunca lo había visto (un espectáculo muy recomendable), tomé unas cervezas charlando con dos amigos, vi cinco goles (Arsenal 3 - América 2) y todo eso me costó 4 pesos, 2 de la ida en metro y 2 de la vuelta (más veinte del taxi, es cierto y 100 de cervezas).

en conclusión: no premios, no dinero, no fama, no poder, cada día me convenzo más de que lo mejor que hay en el mundo es tener amigos.

ya sé, parezco roberto carlos. "lady laura, abrázame fuerte lady laura..."

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